Hace dos semanas, el periodico The New York Times titulaba en una de sus notas “América Latina se enfrenta a un retroceso de la democracia durante la pandemia”, donde intentaban abordar cómo la crisis sanitaria y sus posteriores efectos económicos, ha llevado a un debilitamiento gradual de las normas democráticas en múltiples países de la región. Ilustradora es la situación de Bolivia donde el gobierno interino llegado posterior a la presión de las fuerzas militares que propiciaron la salida del ex presidente Evo Morales, ha utilizado la pandemia para posponer elecciones presidenciales y del congreso, restringiendo además la capacidad de candidatos opositores de ser electos.  Pero esta situación, llega solamente a profundizar un fenómeno que se arrastra por años en la región. Para el 2018, solamente  1 de cada 4 latinoamericanos mencionó estar satisfecho con la democracia. 

En este contexto, la situación de Chile no difiere mucho del contexto regional: Vivimos uno de los procesos más profundos de crisis institucional que llevó a que en octubre del año pasado se viviera el mayor movimiento social desde el retorno a la democracia que había tomado su cauce  en el plebiscito de cambio a la constitución que se postergó desde Abril del presente año hasta Octubre.

Desde su postergación, han sido muchos los intentos desde sectores políticos de postergar nuevamente el plebiscito o derechamente suspenderlo: Acusaciones de que la condiciones económicas no permiten su realización, la presión de sectores políticos sobre las consecuencias del triunfo del apruebo y recientemente la propuesta de la Bancada de la UDI por cambiar las opciones del plebiscito. Es por esta situación que organizaciones como el Programa de Naciones Unidas en Chile elaboró una minuta para darle viabilidad al proceso y realzar la necesidad de que se realice.

La minuta se respalda en la amplia experiencia internacional de procesos democráticos en el mundo durante la pandemia: 53 países y territorios han celebrado elecciones y otros 16 más la han retomado posterior a postergarse en una ocasión. En la mayoría, se han incorporado nuevos mecanismos para, por ejemplo, permitir el derecho a voto a personas diagnosticadas  con COVID-19 desde su domicilio o permitir el óptimo distanciamiento social.

Recoger estos procesos de experiencia es fundamental, como también es fundamental apoyar el óptimo desarrollo de procesos democráticos en la sociedad que funcionen como un ensayo de antesala para el plebiscito de octubre. Por eso es interesante analizar y apoyar los esfuerzos de elecciones dentro de instituciones como las federaciones de estudiantes o de partidos políticos que se han celebrado en las últimas semanas.

La crisis sanitaria ha reforzado la necesidad de ampliar los procesos de participación ciudadana para lograr corregir problemas sociales que se han postergado por años. No podemos permitir que la pandemia se transforme en la mejor excusa de aquellos que no creen en la democracia.

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