Hacia finales del primer semestre del 2017, los matinales habían vuelto a consolidarse como uno de los espacios más relevantes de los canales nacionales de televisión. En ese momento se declaró la “guerra de los matinales”, con fórmulas que se repetían como receta infalible: Un set lleno de panelistas, notas sensacionalistas e invitados que bordeaban el límite de respeto a los principios éticos de comunicación.

Es así, como Canal 13 en su programa “Bienvenidos” comenzó a instalarse en la cima de los matinales de la mano de un invitado del mundo de la salud: El médico Ricardo Soto, que lideraba un sección sobre salud donde, que entre otras cosas, recomendó el consumo de dióxido de cloro para curar enfermedades que iban desde el cáncer al autismo. Afirmación que la Seremi de Salud de la Región Metropolitana tuvo que salir a desmentir afirmando que era una sustancia altamente tóxica y no permitida para el consumo humano. 

Tras una ola de críticas del mundo de la salud, el médico Ricardo Soto fue finalmente desvinculado del programa en agosto del 2017, pero con él se instaló la reflexión de la peligrosa masividad que estaban logrando los matinales en el impacto en educación en salud de la población y lo alejado que pueden estar de brindar información adecuada y respaldada por el mundo académico de la salud. 

Los políticos de partidos de derecha fueron los primeros en aprovechar el boom de los matinales comenzando hacia el 2019 una presencia casi permanente en los diferentes matinales. Emblemático es el caso de Joaquín Lavín, quien acomulaba 101 apariciones solo durante el mes de abril del 2020 y que en el mismo mes, según la encuesta CADEM, alcanzaba un 72% de aprobación inclinándose como una carta segura para las presidenciales. 

Hoy en medio de una pandemia, los matinales están consolidados como el principal espacio de difusión a la población y parte de sus consecuencias están a la vista: notas persiguiendo a personas que incumplen el confinamiento, paneles con una sobrerrepresentación de la derecha, la caridad como regla, sensacionalismo periodístico y la anulación de cualquier crítica al cuestionado manejo del MINSAL en la crisis. El mundo académico, social y político de salud reaccionó tarde, y a pesar del despliegue sin precedente de figuras públicas desde el Colegio Médico para denunciar los errores en el manejo de la crisis sanitaria, no se pudo revertir la catastrófica comunicación de riesgo. El gobierno había logrado los primeros meses un triunfo comunicacional dando un falsa sensación de seguridad que aportó en la catastrófica cifras que nos acercan hoy a las 9 mil muertes. 

Pero todo tiene su matiz, la ilusión del gobierno se desmoronó con la irrupción entre otras figuras de dos mujeres claves: Monica Gonzalez y Alejandra Matus. Su labor periodística por fuera de los medios de prensa tradicionales, permitió transparentar las cifras y forzar un cambio en el manejo contribuyendo a la salida del Ministro Mañalich. Esto puso sobre la mesa la relevancia del rol periodístico, como también la necesidad de disputar la comunicación hacia la población.

Con esto también se nos abrieron necesarias preguntas: ¿Desde donde disputamos la comunicación masiva a la población? ¿Es posible revertir la hegemonía de los matinales? ¿Qué rol debería asumir el mundo de la salud en la comunicación a la población?

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