El 7 de abril la Universidad de Chile presentaba en la mesa social por el COVID-19 un documento con propuestas para abordar los efectos de la pandemia en la salud mental de la población. Dentro de los criterios que se señalan en el documento, se menciona la necesidad de una estrategia integrada que sea universal, con enfoque de derechos, de género, de inclusión y que se componga de manera intersectorial.

Esta propuesta y los criterios mencionados, vienen a reafirmar las recomendaciones que se han hecho por años a la débil política de salud mental del país. El informe de la Organización Panamericana de la Salud sobre el sistema de salud mental de Chile del 2014, señalaba como un aspecto crítico la intersectorialidad de las propuestas donde solamente el 13,7% de los colegios de Chile tiene al menos un profesional de salud mental, y menos del 10% de los menores de 18 años han recibido alguna prestación de salud mental. Además, señala que existen fuertes componentes de inequidad tanto en el acceso a una salud mental de calidad como también a prestaciones de salud. 

 A la fecha, vemos que no se ha generado ninguna política multisectorial nacional en salud mental, lo cual ha tenido claros efectos: los problemas y trastornos mentales en Chile constituyen la principal causa de carga de enfermedad, afectando principalmente a adolescentes y mujeres según un informe del 2017 del Ministerio de Salud. Esta realidad es crítica en las poblaciones institucionalizadas, donde el 69.1% de niños, niñas y adolescente en protección de derechos por el Estado presentan al menos 1 trastorno mental, y donde el 88.9% de esta población no ha recibido ninguna prestación de salud mental.  

La traducción a la realidad asistencial de estas cifras es clara: ¿Cuantas veces la pobreza de niños, niñas y adolescentes se ha escondido detrás de un tratamiento farmacológico?     ¿Con cuánta frecuencia la salud mental de la atención primaria termina abordando la violencia intrafamiliar con psicoterapia y fármacos solamente? ¿Qué herramientas existen para abordar las verdaderas causas de las cifras de salud mental?

Las cifras de salud mental en Chile, son el reflejo de las contradicciones de un sistema chileno con poca protección social, con una ausencia de enfoque de derechos y con un modelo productivo que no entrega margen para el bienestar de las comunidades. No podemos seguir escondiendo las causas económicas, de violencia de género y de falta de derechos en infancia que producen las cifras de salud mental en el país con solamente tratamiento farmacológicos y terapias, que muchas veces tienen una cobertura restringida para la población 

La pandemia, nos entrega una oportunidad de repensar el cómo abordar la salud mental en el país donde no solamente es importante el aumento de las prestaciones, sino que también tengamos una discusión nacional de cuales son las condiciones de vida mínima que debemos garantizar a la ciudadanía para tener un goce pleno de su bienestar. 

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