“(…) la pandemia de COVID-19 está obligando a los equipos a repensar sus prácticas. Hoy ya nadie está pendiente de cumplir una meta ni recibir un bono. Hoy están pensando cómo brindar cuidados a su población a cargo para disminuir contagios, en cómo seguir a los casos positivos leves, en cómo implementar la vigilancia epidemiológica y también en cómo seguir otorgando continuidad del cuidado…porque las personas siguen enfermando y requiriendo apoyo”

Jonathan Troncoso

Médico de Familia UC

  • Doctor ya cumplimos la meta no siga derivando que nos sube pal próximo año
  • Recuerden retener el carnet identidad para que el paciente no se vaya y espere por el EMPA
  • Si la presión sale alta no la registres, pon la última buena
  • Hágale la receta solo por un mes para que lo obligue a venir a control
  • Ojo chicos que hoy vienen a encuestar por el trato usuario

¿Alguna de estas frases les suena conocida? ¿Cuántas de ellas han escuchado en su práctica clínica?

No es un diagnóstico desconocido que los equipos de la Atención Primaria hemos sido obligados a perder el foco…entre Metas Sanitarias e Índices de Actividad de la APS, bonos más bonos menos…hemos centrado gran parte de nuestro esfuerzo más en cumplir con el check list de la acreditación o el correcto llenado de un formulario irrelevante de Rayen, que, en brindar una atención centrada en las personas, sus familias y comunidades.

En efecto, las metas generan una distorsión del proceso de cuidado y un estímulo perverso en la cultura organizacional de los equipos, que nos aleja de nuestras funciones esenciales, ya que pareciera ser que todo lo que no es meta no es importante o puede esperar.

Pero ¿Es malo tener metas? Claro que no, la gestión necesita de evaluación de procesos y resultados para retroalimentar nuestra labor y fortalecer la APS como estrategia. ¿es malo asociar la meta a un incentivo económico individual? Tal vez sí, y 20 años de esta estrategia pareciera no haber impactado en beneficios sanitarios para la población, ni tampoco han sido evaluados correctamente en estudios de investigación.

Pese a tener un Modelo de Atención Integral de Salud Familiar y Comunitario con principios irrenunciables que deberían guiar nuestra acción, al final del día la rigidez y verticalidad impuesta por los programas ministeriales nos alejan de este ideal y terminan una vez más fragmentando a las personas.

Las personas traen a la consulta su historia de vida, sus creencias y sus expectativas…nada saben de las rigideces de un “Ingreso de Salud Mental”, de no poder iniciar un antidepresivo (si estuviera indicado) en una consulta de morbilidad…los pacientes tienen la necesidad en el momento y nosotros les decimos que por protocolo primero tiene que pedir una hora de ingreso…que probablemente la verá un Trabajador Social el próximo mes y que pasará un mes o más antes de conseguir una hora para médico ¿Es eso gestionar nuestra APS para las necesidades de las personas? ¿En qué momento perdimos el rumbo?

¿Cómo podemos acabar con los…no no yo hoy la veo por la artrosis, pa’ hablar sobre su dolor de espalda tiene que pedir otra hora ya?

Pero al final del túnel hay esperanza, la pandemia de COVID-19 está obligando a los equipos a repensar sus prácticas. Hoy ya nadie está pendiente de cumplir una meta ni recibir un bono.

Hoy, los equipos están pensando cómo brindar cuidados a su población a cargo para disminuir contagios, en cómo seguir a los casos positivos leves, en cómo implementar la vigilancia epidemiológica y también en cómo seguir otorgando continuidad del cuidado…porque las personas siguen enfermando y requiriendo apoyo.

Las preguntas que está pandemia trajo fueron otras ya no es ¿cómo llegamos a la meta? Hoy empezamos a hablar de:

¿Cómo nos organizamos para entregar los medicamentos en casa a las personas mayores?

¿Cómo implementamos la telemedicina?

¿Cómo nos cuidamos nosotros como equipo?

Y una de las más importantes de poner en común:

¿Cómo repensamos nuestra Atención Primaria cuando la pandemia pase?

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