“Es en este contexto en que es posible plantearse si existe la oportunidad de incorporar el modelo de salud familiar para el SAPU, entendiendo que es la forma actual en la que los usuarios se vinculan con el servicio sanitario”

No es novedad que al hablar de servicios de urgencia, de inmediato aparecen en nuestra mente conceptos como: colapso, demora, alta demanda, baja pertinencia, y un sinnúmero de conceptos que habitualmente no hacen alusión a una experiencia grata. Lamentable valoración y muchas veces injusta, considerando el alto compromiso de los trabajadores de éstos mismo, donde muchas veces pierden tiempo valioso familiar al servicio de la comunidad.

A mediados de los 90´ se crean los servicios de atención primaria de urgencia (SAPU) con el fin de descongestionar las urgencias hospitalarias, resolviendo en un territorio cercano a la comunidad, urgencias de menor complejidad en un centro ambulatorio (sin hospitalización). Implementación que ha sido aparentemente “exitosa” pues han aumentado considerablemente sus atenciones en contraposición con las horas programadas de consulta ambulatoria. Y es que como generalidad los SAPU tienen para el usuario ventajas por sobre la urgencia hospitalaria y las horas agendadas en los mismos CESFAM: tiempos de espera menor, atención “inmediata” (sin solicitar hora), horario compatible con trabajadores (posterior a las 17:00 y fines de semana/festivos), atención de todas las edades (desde recién nacidos hasta adultos mayores), cercano a la comunidad y atención gratuita o de bajo costo.

Es en este contexto en que es posible plantearse si existe la oportunidad de incorporar el modelo de salud familiar para el SAPU, entendiendo que es la forma actual en la que los usuarios se vinculan con el servicio sanitario. Si bien comparto dicho diagnóstico, principalmente pues puede que en dichos usuarios existan algunos que tengan mayores necesidades de salud que la población que tradicionalmente consulta en el CESFAM, me parece compleja la implementación del modelo. Y es que el recurso humano del SAPU habitualmente no tiene contrato de trabajo propiamente tal sino que emite boleta de honorarios, lo que dificulta la estabilidad laboral del equipo y la continuidad del cuidado. Muchas veces el equipo CESFAM/SAPU suele no ser el mismo. La demanda asistencial principalmente en invierno obliga priorizar la resolución de la urgencia por sobre de la integralidad, y probablemente muchas otras barreras.

No obstante, creo que ante esas dificultades pueden crearse algunas soluciones: softwares que permitan emitir advertencias al equipo de cabecera ante paciente con policonsultas (que pueda traducir la complejidad de un problema de salud muchas veces no resuelto), rescatar y dar facilidades de atención para paciente con reiteradas consultas con descompensación de sus patologías crónicas (evidenciado en su signos vitales y en el diagnóstico de egreso), reuniones clínicas entre equipo SAPU y CESFAM para evaluar continuamente planes de mejora y centrar la atención en el usuario, policlínicos especiales ante pacientes que necesitan un seguimiento clínico más estricto pero no necesariamente una hospitalización y muchas otras soluciones que pueden depender de los contextos locales.

Cabe destacar que la no pertinencia de la consulta de urgencia y el mal uso de estos servicios es un problema a nivel mundial. No obstante afrontar este problema desde la óptica del mismo usuario quizás nos entregue claves tanto como para mejorar la satisfacción usuaria como también la resolutividad y calidad de éstos.

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